No hace mucho que yo a mi corta edad aprendí a esperar menos de las personas y más de mi, porque después de todo, me encuentro sola con mis desordenados pensamientos cuando me voy a dormir. Cuando voy a dormir, donde más cerca de estoy de la muerte, la muerte, aquel misterio que llega cuando se nos acaba la vida. Lo cierto es que por muy desconocido que sea, no desconozco el hecho de que cuando esa hora llegue me encontraré sola. Ahí mi madre ya no podrá poner la mano en el fuego por mi. Ahí nadie podrá decirme que creía en mi. Ahí estaré sola. Sola con mis actos, aquellos de los que soy muy responsable en esta vida. Responsable soy de cada una de las decisiones que tomo. De mis errores. Errores que cometo día tras día, sintiéndome orgullosa. Porque me veo crecer. A base de golpes.
Sin embargo, de todos los errores que habré cometido, el mayor fue creer en las personas. Personas que, quién me diría a mi que podrían fallarme. Qué viene después si la persona más cercana a ti te falla. Qué viene después si las únicas personas que creen en ti tu las fallas día tras día. Qué viene... si juego a apostar por mi o a apostar por quien cree en mi.
Es una realidad que me veo enfrentada a mi propia realidad.